martes, 2 de febrero de 2016

Sobria

Dos meses estando sobria, como cuando uno es alcohólico, y hace un tratamiento para dejar de beber en Alcohólicos Anónimos, cuando tiene que hacer una lista de cosas para dejar de tomar y va contando los días en los que no bebe. Dos meses en los que traté de salir adelante, tomar estrategias para no sufrir, para no recordar, para no pensar. Me fui a la playa, respiré, leí un libro, me contacté con la naturaleza, para no recordar todo lo que había sufrido el año pasado; para no recordar ese pasado oscuro en el que toqué fondo.
Volvieron los dolores de estómago, las náuseas, volví a fumar, volví a llorar y a tratar mal a los que quiero, volví a fallar a una reunión, y me quedé toda la tarde acostada angustiada; como en mis peores momentos.
Bastaron tres días para que me rompieras la cabeza y me recordaras los peores infiernos, en una catarata de insultos, de planteos, de resentimientos. Volví a perder la calma que había construido en dos meses por tres días de reproches.
Quería saber de vos, creía que estaba fuerte para saber cómo estabas, si la vida te había cambiado, si estabas siendo feliz. La idea era acercarme, poder ser tu amiga, no quería perderte otra vez.
Mi estrategia era hablarte, saber de vos, ver si habías encontrado la paz, y quedarme, quedarme un rato, el tiempo que la vida o que vos me permitieras; pero no fue posible. Otra vez el llanto, la amargura, los reproches y todo lo que nos separó volvieron en la primera conversación. No habías superado nada, claro yo tampoco, pero me sentía más preparada para afrontar esto.
Las personas cambian, lo que antes pensaban pueden cambiarlo, porque de eso se trata la vida, de cambiar, de evolucionar. Quiero ser amada, quiero mejorar, quiero cuidar a mi pareja, quiero algún día tener un hijo, que antes no lo quería, pero con vos. Lo quería con vos.
No podemos estar un día sin pelearnos, sin maltratarnos, el paso del tiempo no nos hizo evolucionar, sino que nos hizo pararnos en el mismo punto en que lo dejamos.
Ahora tengo que pensar en reconstruir los pedazos rotos nuevamente, en curar esa herida que volvió a supurar porque no estaba mal curada. En otra vez levantarme, en no caerme en una depresión, en no volver a tomar más una puta pastilla que me haga olvidar.
Somos sombras de lo que fuimos, nuestras peores versiones, insultándonos y diciéndonos las peores cosas, cuando en realidad deberíamos amarnos, construir un futuro para los dos, evolucionar, dejarnos llevar por ese viento al que le escribiste poemas, pero sé que en el fondo, alguna vez los escribiste pensando en mi.

No se pueden armar los pedazos rotos porque están demasiado astillados, y mi futuro tal como lo pensaba hoy es una utopía. 

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