¿Por qué íbamos a terminar a las trompadas? ¿ No había un camino menos agresivo o diplomático? No, no lo había, las palabras que nos habíamos dicho eran mucho mas dolorosas que en golpe en la boca o en el medio del estómago. A menos que claro, estuviera embarazada, y esos golpes significaban el sufrimiento de mi bebé.
¿Cómo llegamos a agarrarnos a las trompadas, después de haber sido tan afectuosos el uno con el otro? Qué es ese punto de hastío dónde él quiere pegarme y yo quiero pegarle, si en primer lugar soy mujer y tengo una fuerza mínima, al lado de cualquier hombre adulto y en segundo lugar, estoy en contra de cualquier tipo de violencia. ¿Estaba siendo hipócrita conmigo?
Lo miré, no quería pegarle, tenía esos ojos oscuros pícaros, que dicen cosas aunque no pronunciara palabra, ese hoyuelo en la barbilla que miraba durante horas, en especial cuando dormía; pero estaba serio, si me hubiese sonreído hubiese caído antes de la primera piña, porque era mi punto débil.
Sonó algo que supuse era una campana y me puse en guardia, a un costado había otra persona que me hablaba y me decía, "te dije que iba a pasar esto, te lo advertí", lo miré por unos segundos y me desconcentré. ¡Pero cómo iba a saber yo que alguien podía cambiar en unos días! Por qué tenía que estar siempre a la defensiva, desconfiando de los demás. Sí, ya me habían desilusionado más veces que los años que tengo, pero sin embargo seguía confiando y esta vez no iba a ser la excepción. Más aún cuando se había desarmado en halagos, elogios y palabras lindas ¿Cómo no iba a creerle?
Y ahí recibí mi primera trompada, la física, porque la desilusión es una piña muy fuerte que la sentís en el pecho y ya la había recibido unos días antes.
Dolió, en la cara y en el alma, y me tumbó al suelo. No estaba preparada para pelear, estaba desarmada de antes, sin embargo me seguía pegando en el suelo, ya no trompadas, sino patadas.
Temí por mi bebé, nadie nos vino a separar, me sentía muy dolorida y no tenía fuerzas para pararme.
Hasta que mamá, siempre mamá, me despierta, me dice que tenía que volver al trabajo, después de haber pasado a verme. Se fue y lloré, lloré porque me dolía el vientre, como si las patadas hubiesen sido reales, o quizás si lo habían sido y el sueño fue una prolongación de lo que había vivido, un recuerdo maldito donde las peores miserias fueron expuestas.¿Dónde terminaba el sueño y seguía la vida real? ¿Estaba despierta o la vida era la continuación de esa pesadilla?.
Me abracé, y quedé varios minutos en posición fetal. Creo que pude dormir, pero con la resistencia de volver a encontrar en los sueños, lo que me desvelaba despierta.

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