Escucho a Jeff Buckley, Bowie, ahora Nick Drake por recomendación de un colega que sabe bastante de música. Me siento inspirada a decir palabras que aún no decodifiqué, pensamientos sueltos que surgen cuando uno está desvelado, y en una especie de trance por la música. Cualquier experiencia traumática puede sanarse a través de la música, cualquier mal día, un laburo que no salió bien, el sueldo que no llegó, el encuentro que no fue.
Los encuentros que no son forman parte de nuestras vidas, las palabras que se dicen, que quedan en la mente y no salen, todo nos define, y define la suerte de lo que puede o no pasar después.
Aprendí que las cosas hay que decirlas en su momento, porque después no habrá otro, que un beso que no se dio en el instante adecuado no vuelve, que lo que no se dijo por miedo, vergüenza o remordimiento, no puede volver a decirse, porque ya no tiene la magia de hacerlo en el momento adecuado.
En esta telaraña de desentendidos, el que pierde es uno, o ambos, dependiendo la circunstancia y el otro. Si yo quería un aumento de sueldo, y no lo pedí en ese momento, pierdo yo porque difícilmente encuentre otro momento justo. Si estamos en una situación donde dos personas que se atraen no dicen lo que realmente les pasa, no son claros, se pierde la esencia.
Paulo Coelho, autor odiado por muchos, yo particularmente lo banco, decía que Todos los días Dios nos da un momento en que es posible cambiar todo lo que nos hace infelices. El instante mágico es el momento en que un sí o un no pueden cambiar nuestra existencia". Eso lo dijo en uno de los libros que más me gustó de él, llamado A orillas del Río Piedra me senté y lloré. Había otra frase que en ese momento subrayé que decía así:
"Todos los días intentamos fingir que no vemos este momento, que no existe, que hoy es igual que ayer y mañana será igual que hoy. Pero el que presta atención descubre el instante mágico. Puede esconderse en el momento de meter la llave en la cerradura, ya por la mañana, o en el silencio que sigue a la cena, o en cualquiera de las mil y una cosas que nos parecen repetidas. Ese momento existe – un momento en el que toda la fuerza de las estrellas nos atraviesa y nos permite hacer milagros.
Aunque atraviese una etapa bastante atea de mi vida bastante atea, le reconozco al autor que tiene razón, no sé si Dios, o uno mismo tiene ese poder para encontrar esa respuesta que estuvimos buscando todo el día. La posibilidad de cambiar algo que no nos gustó, la oportunidad de abrazar a mi vieja y decirle que la querés, o de decirle a la persona que si sentís algo por él o ella, que se quede, que comparta una charla, un café, una cerveza.
Ocurre que somos bastante retorcidos para notar estos momentos, y creemos ir por la vida no necesitando de nadie, siendo autosuficientes, sin darnos cuenta cuantos momentos perdemos por pensar tanto las cosas.
Me gusta correr riesgos; desde ahora, o desde hace un tiempo quizás, en que me dí cuenta que es mentira que mujer precavida vale por dos, y me tiro a la pileta de lo que siento. Prefiero romperme la cabeza a que tenerla sin despeinar.
miércoles, 13 de enero de 2016
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Divino.
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