miércoles, 20 de septiembre de 2017

Soy una teta

Soy Técnica Superior en Periodismo, Licenciada en Periodismo y Comunicación, especializada en periodismo digital, en periodismo judicial y en periodismo de género. He realizado decenas de cursos en mi vida, fui gimnasta artística hasta el año pasado o al menos eso intenté durante años y he trabajado en tantos medios de comunicación que ya ni los puedo poner en un currículum porque los he olvidado, pero hoy, hoy soy una TETA.
Y no me refiero a una teta como insulto, como cuando uno es malo en algo y dice soy una teta ( nunca entendí esa comparación como si la teta fuera algo malo), sino a una teta, una  mama, una teta, fui ¿reducida? a una teta que es la fuente de alimentación y de vida de mi hijo Juan Martín desde hace doce días. Sólo una mujer que atravesó o atraviesa la maternidad puede dar cuenta de lo que significa que hoy tu vida sea convertirse en la proveedora exclusiva del bienestar de tu hijo.
Una de mis mejores amigas, que fue mamá hace cinco meses me dijo una frase que me quedó guardada y que meses después la entendería a la perfección: "Disfrutá tu panza, porque no sabés lo que te espera, no volvés a ser la misma nunca más". Y yo que tuve un embarazo bastante difícil no quería saber más nada con la panza sino que quería tener a mi hijo en brazos, de hecho no la extraño ni un poquito (a la panza) ,como muchas mujeres me dijeron que ocurriría. Es que no todas pasamos por un embarazo soñado, sin dolores, sin problemas, sino que también y no por eso somos malas madres o males personas, las mujeres también padecemos embarazos con innumerables problemas físicos y emocionales, estos últimos son los que más pesan y estoy convencida que tienen relación con los primeros, hay una conexión entre el dolor físico y la emoción.
Si mi hijo lee esto en algunos años, quiero que sepa que lo amé desde el momento en que acepté que iba a ser mamá, que cuando lo tuve en mi pecho la primera noche luego de tenerlo fue como si la vida me cambiara totalmente. Si existe un Dios, o un universo que da cosas, creo que mi hijo fue sin dudas lo mejor que me dio en la vida y sé que nunca volveré a ser la misma desde el 8 de septiembre de 2017, es el regalo que viene a paliar tanto dolor en el pasado; es la recompensa, es tener la certeza de que tu vida ahora ya nunca va a ser la misma y de que existe una persona que ahora depende de vos, al menos por unos años, de que sea feliz.
Lo difícil para una mina como yo, fue dejar ese individualismo, es entender que ya no hay más recitales de música, ya no hay más (por ahora) una carrera o un curso a seguir, ya no puedo salir corriendo a cubrir una noticia aunque me muerda los dedos por escribir, o por saber, ya no hay libertad para salir con el hombre que quiera, ya no puedo decidir si voy a tomarme una ducha rápida o corta o si puedo salir a caminar o realizar alguna actividad sin pensar en que alguien me espera para ser alimentado y cuidado, o escribir en este blog en distintos momentos del día y no de corrido como otras veces, porque hay que dar la teta o cambiar al bebé.
La maternidad es hermosa, pero duele y duele mucho; te duelen las tetas al punto que querés arrancarte los pezones mientras contenés las lágrimas, te duelen los puntos de la cesárea y los primeros días no te podés levantar de la cama, no comés más cuando querés, sino cuando podés; bañarse pasa a ser uno de los placeres más grandes que una mamá pueda tener ( cuando te dejan), ir al baño sola ya no es una opción. Dormir es algo que quedó tan en el pasado que no recordás cuando fue la última vez que dormiste más de dos horas seguidas.
El otro tema complicado es la opinión de los demás, sobre todo de las otras mamis, que quieren darte consejos todo el tiempo o de compararse sin querer queriendo con vos y te sentís de lo peor. En mis primeros días de puerperio donde no me bajaba la leche y eso me generaba una gran angustia, mi teta pasó a ser la teta del pueblo. Mi teta, la que no mostré jamás adelante de amigas o de mi madre o hermanas pasaba a ser vista por decenas de personas que pujaban para que me saliera leche y hasta me la han agarrado para acomodarsela en la boca de Juan. Mi dignidad está más enterrada que cuando le rogué a un ex que por favor volviera conmigo. Claro que terminé llorando tres horas seguidas diciendo que no iba a poder hacer esto.
Pero se puede, y duele, y llorás pero se puede. Un día como hoy después de darle horas y horas la teta para que se calme, porque le duele la panza, porque se queda con hambre o porque quiere que lo tengas upa todo el día, lo mirás y sonríe lleno de leche y pensás que no podés creer lo que te está pasando, aunque te sientas malhumorada, agotada y sobrepasada.



No hay comentarios:

Publicar un comentario