lunes, 17 de enero de 2011

¿ Qué quiero ser cuando sea grande?


Mi hermana de tan solo 8 años me preguntó esta tarde que quería ser cuando sea grande, la pregunta me causó gracia porque a mis 28 años es la única que aún me considera chica, el resto suele decirme señora logrando erizarme todos los pelos del cuerpo, no se si clavarles un puñal en la espalda o ponerme a llorar. Ante la pregunta que solo los niños pueden hacer con tanta inocencia, me quedé helada, sin palabras, hacía mucho tiempo que nadie me preguntaba que quería hacer.

Yo quiero ser superhéroe me dijo Avril, “también bailarina y cantante”, con esa naturalidad tan clara la tienen los chicos, me recordaba a mis ocho años, cuando quería ser astronauta y me sabía de memoria mi colección de Billiken del sistema solar, sabía la distancia exacta entre Marte y la tierra y la cantidad de horas que duraba un día en el planeta rojo. Después quise ser otras cosas, pero supongo que la muerte de mi papá a los 9 años me hizo dejar la niñez más rápido y dejar de soñar con imposibles.

-No sé que quiero ser ahora Avri, me mataste, le respondí, porque sinceramente no se la respuesta, no sé quien soy hoy, no me reconozco como esa persona que una vez fui y voy siguiendo la corriente de los días, sólo por inercia, aceptando realidades y masticando frustraciones-

Quería ser periodista y escritora, ambas cosas si eso fuese posible, miraba a Mario Mazzone en TN y quería ser él, tenía una forma de conducir que convertía a Tn en mi canal de culto (antes de ser lo q es TN< hoy digamos), improvisaba programas de radio con un grabador muy choto que apenas funcionaba y pasaba música y conducía, también acompañé a mi papá antes de que muriera en su programa de radio y de allí me enamoré de la profesión y del micrófono.

Quería escribir, contar cosas, relatar historias imaginarias; de chica escribía cuentos, inventaba noticias. Me apasionó siempre ir más allá del hecho, buscar la historia detrás de la noticia.

Me imaginaba con hijos en una casa con un ventanal grande y yo con una máquina de escribir (no existían las computadoras, o al menos yo no las conocía) y yo redactando una novela.

No sé en que momento dejé mi sueño.

Soy periodista, no sé si buena o mala, lo soy y amo mi profesión, me preparé para serlo y lo seguiré haciendo hasta el resto de mis días, pero ya no soy feliz.

El periodismo no me hace feliz, porque no tengo historias para contar, porque todo se reduce a hacer mecánicamente las cosas, abrir un micrófono, contar que robaron en dónde, cómo y cuando y a quién, hablar de conflictos salariales, seguir una rutina donde no puedo decir que siento, que pienso. No puedo contar historias.

Hace meses que pienso en Hernán Casciari, y en su valentía de dejar de escribir en dos diarios, como La Nación y El País de España para afrontar su proyecto personal, nada más y nada menos que la revista Orsai. Y tuvo los huevos para anunciarlo en su blog personal.

Su explicación sobre la renuncia, se convirtió en una especia de manifiesto para mi que volvía a leer y recordaba las frases con una sonrisa cómplice.

“No puede ser posible que cuando las cosas le van muy bien a las empresas tengas que escribir menos —porque entra publicidad— y cuando las cosas le van mal a las empresas tengas que escribir menos —porque le quitan páginas al diario”

“Renuncio a todo lo molesto y a todo lo incordioso y a todo lo burocrático y a todo lo extremadamente sigloveinte de mi oficio. Le digo chau, feliz de la vida y sin rencor, a los intermediarios que me obstaculizan la charla con los lectores. Chau publicidad, que te recorta la palabra; hasta nunca burocracia, que te distribuye mal y pronto; adiós y buena suerte ideología, que te despierta por la noche”, supongo que a los periodistas nos ocurre a todos lo mismo, es un mal del siglo, o de la historia.

Sin embargo, pienso y me digo que no soy Casciari, que no tengo el talento que tiene, el ingenio de escribir obras “como más respeto que soy tu madre” y tampoco no tengo el dinero para hacer lo que se me canta y montarme en proyectos personales.

No soy tan inteligente, ni sé escribir como él lo hace y no tengo los huevos, o los ovarios para decirles a mis jefes que lo que hago no me gusta, que no me gusta que me digan lo que tengo que escribir, que no me recorten por falta de espacio, que no me gusta que me interrumpan cuando hablo, o que me gustaría que me respeten más, cómo mujer que soy, y como periodista que intento ser.

Mucho menos decirles en mi blog que no trabajo más porque quiero hacer lo que me hace feliz que es escribir. Claro, si Calamaro decía que no se puede vivir del amor, yo digo que no se puede vivir de ideologías, porque éstas no te pagan la ropa que llevas, los viajes a Buenos Aires, ni tus vacaciones, y mucho menos tus necesidades. No hablemos de independencia, porque a mis 28 es más fácil que me mate un terrorista que salir del ala de mi madre y alquilarme algo con mi sueldo.

Es tarde y debo redondear como me enseñaron en la facultad y como tantas veces me dicen en mis trabajos. Me di cuenta que odio la palabra “redondear”, porqué no me gusta simplificar la vida, ni las palabras, me gusta buscarles todas sus vueltas
Aunque muchos detesten a Coelho, siempre recuerdo dos frases de uno de los libros que más me gustó, y que dice "Todos los días Dios nos da un momento en que es posible cambiar todo lo que nos hace infelices. El instante mágico es el momento en que un sí o un no pueden cambiar toda nuestra existencia."

Ya no sé si creo en Dios, pero todos los días que me voy a acostar pienso en ese instante mágico que se va y no vuelve, como pienso en que lo que quería ser cuando sea grande, el problema es que cuando uno toma un camino, abandona otro, y sufre por no saber si será el correcto.

Pienso en mi hermanita y en otra frase del autor brasilero del libro “La Quinta Montaña”

"Un niño siempre puede enseñar tres cosas a un adulto: a ponerse contento sin motivo, a estar siempre ocupado con algo y a saber exigir con todas sus fuerzas aquello que desea"

Necesitaré de todas esas fuerzas para cambiar aquello que no me gusta y exigir eso que tanto deseo, al fin y al cabo, la vida se pasa rápido mientras uno piensa pelotudeces.

5 comentarios:

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  2. lo leí todo. escribís muy bien!!! Dios no nos da lo que queremos sino lo que realmente necesitamos para alcanzar finalmente nuestros sueños. las circunstancias a la vista engañan. no renuncies a tus sueños.

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  3. lo resumida que es la vida en cada una de sus manifestaciones, no se compara con el deseo de seguir surcando la inmensidad de los sueños. Como bien decis: no tenes plata, no tenes la inteligencia, no tenes la fuerza y los huevos, muchas de esas cosas las pongo en duda (hasta los huevos mira! :P) pero si hay algo que se, es que tenes la voluntad y eso, lo es todo; un dia vas a encontrar tu momento magico...o el "perfect moment" vas a sentir el abrazo, (sino escucha "the real thing" de FNM y vas a entender) y vas a llevar a cabo tu meta, deja que el tiempo se acomode.

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  4. Gracias a los dos por sus palabras, a veces uno toma palabras que parecen fáciles aceptar, pero ponerlas en práctica cuesta.
    Sin embargo uno sigue luchando por sus sueños, a pesar de las decepciones, nadie quiere ser un muerto en vida.

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  5. Todo lo que escribiste está perfecto, o casi. La ideología sí puede darte de comer o de vestir, seguramente también de alquilar o tener casa propia. Seguro que no se podrá comer Sushi, ni comprar ropa Etiqueta Negra, ni alquilar un piso en Puerto Madero, pero si agudizamos el ingenio y reorganizamos nuestra vida... podemos ser felices con nuestra ideología, con nuestra
    manera de ver las cosas y sobre todo, podemos ser felices trabajando en lugares donde "en teoría" no podríamos estar cómodos. En fin yo creo que es más fácil de lo que imaginás... y creo que tenés pasta como para lograrlo. Por otro lado, tengo unas cuantas hojas escritas sobre "qué quiero ser cuando sea grande" y la conclusión final de mi parte es: "¿qué quiero ser cuando sea grande?"; Quiero ser chico.-
    Saludos Darío Barone.-

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